|
Las ideas y principios de esta Carta fueron debatidos y consensuados por los socios y socias latinoamericanos y caribeños de la Asociación de Radios Comunitarias, AMARC, y posteriormente aprobados en la VII Asamblea Mundial, AMARC 7, reunida en Milán del 23 al 29 de agosto de 1998.
1- La comunicación es un derecho humano universal y fundamental. La palabra nos aproxima, nos revela, nos desarrolla, nos hace mejores hombres y mujeres. La palabra, libremente expresada, nos humaniza.
2- La radiodifusión, como palabra pública, es un ejercicio de la libertad de expresión. Esta libertad implica el derecho a recibir y emitir información y opiniones, sin fronteras ni censura, a través de cualquier medio de comunicación (Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 19). El único límite de este derecho es el derecho ajeno, el respeto a la dignidad y privacidad de los demás.
3- El espectro radioeléctrico es patrimonio común de la Humanidad (Tratado de Torremolinos, UIT y artículo 33 del Convenio Internacional de Telecomunicaciones con el ajuste alcanzado en Nairobi). Corresponde a los Estados administrar este recurso, que es limitado, para favorecer de la manera más amplia y equitativa la libertad de expresión que se ejerce a través de las ondas.
4- Igual que la libertad de prensa, el Estado garantizará la libertad de antena, el acceso de todos los sectores sociales, en igualdad de oportunidades, al espectro radioeléctrico, con transparencia en la asignación de frecuencias y con requisitos técnicos razonables.
5- Las frecuencias radioeléctricas no pueden venderse ni subastarse, puesto que el titular de las mismas es la sociedad como tal y la finalidad primaria de los medios de comunicación es el servicio público. La libertad de expresión no puede supeditarse a quien ofrezca más dinero por ella.
6- El monopolio y el oligopolio de las frecuencias radioeléctricas atentan contra la libertad de expresión y empobrecen el indispensable pluralismo informativo. Los Estados deben reservar una cuota significativa de frecuencias para las organizaciones civiles sin fines de lucro en las bandas de AM y FM, en los canales de televisión abiertos y en los nuevos canales numéricos.
7- Las radios comunitarias y ciudadanas no pueden regularse con medidas inconstitucionales, tales como el establecimiento arbitrario de mínimos de potencia, la prohibición de vender publicidad o de hacer cadenas, la limitación, sin causas técnicas, en el número de frecuencias asignadas por localidad o región. Estas emisoras no buscan ningún privilegio frente a los medios comerciales o estatales. Pero tampoco aceptan ninguna discriminación respecto a éstos.
8- Las acciones de algunos gobiernos destinadas a entorpecer la labor de los medios comunitarios y ciudadanos, tales como amenazas, confiscación de equipos, bloqueo publicitario, apresamientos, y la negativa o demora injustificada en la asignación de frecuencias, atentan contra la libertad de expresión y deben ser denunciadas.
9- Miles de radios comunitarias y ciudadanas en Europa y Australia, en África, Asia y en la Américas, desarrolladas exitosamente desde hace décadas, se han legitimado ante sus audiencias, conquistando así el derecho al reconocimiento legal. Estas experiencias han sido y siguen siendo expresión de la sociedad civil, especialmente de las mayorías empobrecidas y excluidas, así como del as minorías marginadas.
10- Radios comunitarias, ciudadanas, populares, educativas, libres, participativas, rurales, asociativas, interactivas, alternativas… en cada época y lugar se han caracterizado con distintos nombres, mostrando así la diversidad y riqueza del movimiento. Pero el desafío ha sido siempre el mismo: democratizar la palabra para democratizar la sociedad.
11- Hay consenso en América Latina y el Caribe sobre la creciente importancia de las radios comunitarias en el proceso democrático que vive la región (Seminario sobre el Desarrollo de los Medios de Comunicación y la Democracia en América Latina y el Caribe, Plan de Acción 1.A, UNESCO-PNUD- Naciones Unidas, Santiago de Chile, 1994). Estas emisoras, verdaderas tribunas abiertas para toda la sociedad sin discriminación por motivos de raza, género, clase social, orientación sexual, discapacidades, opiniones políticas o religiosas, resultan indispensables para promover el diálogo social y la cultura de paz (Mensaje del Director General de la UNESCO, Federico Mayor, Seminario Democratizar el Espectro Radioeléctrico, Caracas, 15 de noviembre 1995).
12- Las radios comunitarias y ciudadanas buscan y defienden la legalidad democrática. Las que todavía no cuentan con licencia y la están tramitando, no deben ser silenciadas ni consideradas ilegales, ya que están amparadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Pacto de San José (Artículo 13,3) y en las Cartas Constitucionales de nuestros países. Por ello, se vuelve urgente la revisión de leyes y reglamentos de telecomunicaciones que impiden el acceso equitativo de todos los sectores al espectro radioeléctrico. La legalidad, para reconocerse como tal, debe ser justa y no discriminatoria.
13- Lo que define a las radios comunitarias y ciudadanas es su rentabilidad sociocultural. Así como hay lugar en el espectro para radios comerciales que buscan la rentabilidad económica y para radios estatales que buscan la rentabilidad política, debe haber espacio para emisoras que no pretenden la ganancia ni el proselitismo, sino la construcción de ciudadanía, el ejercicio de derechos y el cumplimiento de deberes, la creación de consensos en torno a causas nobles, la mejoría en la calidad de vida de la gente.
14- Las radios comunitarias y ciudadanas representan los intereses de su comunidad, sea ésta una pequeña localidad o un amplio sector social. Pueden ser intereses barriales o campesinos, sindicales o gremiales, étnicos, de género o de generación, intereses de una comunidad universitaria o de un grupo de ecologistas, artísticos o deportivos, intereses de los niños y niñas, de iglesias progresistas, de organizaciones populares, de movimientos sociales inconformes con la actual distribución de la palabra y las riquezas, que buscan un mundo más equilibrado y más feliz.
15- Las radios comunitarias pueden ser grandes o chicas, de corto o largo alcance. Lo comunitario no hace referencia a un lugar pequeño, sino a un espacio de intereses compartidos. Las radios comunitarias pueden trabajar con voluntarios o personal contratado, con equipos artesanales o con el mayor desarrollo tecnológico. Lo comunitario no se contrapone a la producción de calidad ni a la solidez económica del proyecto. Comunitarias pueden ser las emisoras de propiedad cooperativa, o las que pertenecen a una organización civil sin fines de lucro, o las que funcionan con cualquier otro régimen de propiedad, siempre y cuando se garantice su finalidad sociocultural.
16- En estos tiempos de globalización y homogeneización crecientes, las radios comunitarias son espacios de participación ciudadana donde se expresan todas las voces y se defiende la diversidad de idiomas y culturas. El derecho a ser y pensar diferente, a tener gustos y aspiraciones distintas, se vuelve hoy un imperativo de la democracia. El derecho a la diferencia implica el deber de la tolerancia.
17- La defensa de los Derechos Humanos, la promoción de un desarrollo humano sostenible, la equidad de género, el respeto a las identidades étnicas, la preservación del medio ambiente, el protagonismo de los jóvenes, la protección de la niñez y de las personas de edad avanzada, la educación y la salud, así como la integración nacional y regional, constituyen prioridades para las radios comunitarias y ciudadanas.
18- La participación de las mujeres en la radios comunitarias y ciudadanas debe estar garantizada en todos sus niveles. Esto supone, especialmente, mostrar una imagen real y valorada de la mujer y asumir la perspectiva de género a los largo de toda la programación. Asimismo, asegurar la presencia equitativa de las mujeres en los cargos directivos.
19- Las radios comunitarias y ciudadanas ofrecen una programación informativa, educativa y entretenida de calidad, sometida a la evaluación de la audiencia. Realizan un periodismo independiente, denunciando la injusticia y la corrupción, sin aceptar presiones ni sobornos. Modernizan su infraestructura, según los avances tecnológicos, y capacitan permanentemente a su personal. Estas emisoras realizan una gestión democrática y una administración transparente, respetando los derechos de los trabajadores y trabajadoras.
20- Las radios comunitarias y ciudadanas son solidarias entre sí. Se hermanan, se apoyan mutuamente, intercambian programas, planes y sueños. Más allá de las diferencias regionales, todas comparten una misma misión democratizadora. Y entre todas, trabajando en red, sumando fuerzas y esfuerzos, enfrentan día a día al proyecto neoliberal, excluyente y aburrido, y contribuyen a abrir un camino de esperanza para nuestros pueblos.
La Asociación Mundial de Radios Comunitarias, AMARC, felicita a los artífices de estas emisoras audaces y creativas, comprometidas con las luchas populares. AMARC se pone al servicio de este movimiento internacional y convoca a participar en él a quienes han dado sus mejores energías para defender el derecho a la comunicación, a los radioapasionados y a radioapasionadas que creen y seguirán creyendo en la utopía de un mundo donde todos puedan comer su pan y decir su palabra.
AMARC ALC
Asociación Mundial de Radios Comunitarias
|